Vivimos en una época en que hablamos constantemente de globalización. Sin embargo, muchas veces confundimos lo global con la homogeneización. Pareciera que para dialogar con el mundo debemos parecernos al mundo, adoptar sus códigos, sus tendencias o sus formas de producción. Pero la experiencia editorial muestra algo distinto: aquello que despierta interés internacional suele ser precisamente aquello que nace de un territorio, una cultura, una historia o una mirada particular.
Las historias que logran cruzar fronteras rara vez son las más genéricas. Son aquellas que, siendo profundamente locales, logran tocar preguntas universales. Un álbum ilustrado inspirado en una tradición cultural específica, una novela gráfica situada en un paisaje determinado o un libro nacido de una experiencia educativa concreta pueden encontrar lectores en lugares muy lejanos. No porque oculten su origen, sino porque lo expresan con autenticidad.
Desde esa perspectiva, internacionalizar no significa dejar el territorio y convertirse en un mero cosmopolita. Significa aprender a proyectarlo.
¿Qué entendemos por internacionalización?
Con frecuencia se asocia la internacionalización únicamente a la exportación de libros físicos. Sin embargo, hoy el ecosistema editorial es mucho más amplio.
Internacionalizar puede significar vender derechos de traducción, desarrollar coediciones con editoriales extranjeras, exportar servicios creativos como ilustración o diseño, participar en plataformas digitales, establecer redes de colaboración o construir vínculos profesionales que permitan que una obra circule más allá de sus fronteras de origen.
También implica algo menos visible, pero igualmente importante: participar en una conversación cultural más amplia.
Cuando un libro chileno se traduce a otro idioma, cuando un ilustrador trabaja para una editorial extranjera o cuando una obra local encuentra lectores en otro continente, no solo circula un producto. Circulan formas de ver el mundo, sensibilidades, preguntas y experiencias.
Por eso la internacionalización es, al mismo tiempo, un proceso económico y cultural.
El valor del diálogo entre culturas
En un mundo crecientemente interconectado, la riqueza no está en que todos produzcamos lo mismo, sino en que podamos aportar perspectivas distintas.
La diversidad cultural funciona de manera similar a la biodiversidad en los ecosistemas naturales. Cuantas más voces, relatos y formas de comprender la realidad existen, más rico y resiliente se vuelve el conjunto.
La internacionalización permite precisamente eso: que relatos nacidos en lugares específicos entren en diálogo con otras experiencias humanas.
Un libro creado en el norte de Chile puede conversar con lectores de Brasil. Una ilustración desarrollada en una pequeña ciudad puede encontrar nuevos significados en Alemania. Una historia inspirada en el bosque esclerófilo puede conectar con personas que nunca han visto ese paisaje, pero que reconocen en ella emociones, preguntas o inquietudes compartidas.
Una experiencia desde Arica
Con estas ideas como telón de fondo, durante mayo recién pasado tuvimos la oportunidad de participar en un proceso de formación y reflexión sobre internacionalización editorial y creativa junto a actores del ecosistema cultural de la Región de Arica y Parinacota.
La experiencia reunió a editoriales, ilustradores, autores, gestores culturales y proyectos creativos con distintos niveles de desarrollo y experiencia internacional.
Más allá de los aspectos técnicos, lo que emergió con fuerza fue una constatación sencilla: existe talento, creatividad e identidad territorial. Existe interés por conectar con otros mercados y culturas. Existe una producción valiosa que merece ser conocida más allá de las fronteras locales.
Al mismo tiempo, aparecieron desafíos compartidos. Comprender cómo funcionan el sistema de licencias, cómo preparar una propuesta internacional, cómo participar en ferias profesionales, cómo construir redes o cómo transformar una obra en una oferta exportable siguen siendo preguntas relevantes para muchos actores del sector.
Aprender a construir puentes
Quizás una de las conclusiones más interesantes fue comprender que la internacionalización no comienza en una feria ni termina con una venta.
Comienza mucho antes.
Comienza cuando una comunidad creativa reconoce el valor de lo que tiene para aportar. Cuando comprende que su territorio, su cultura y su experiencia pueden formar parte de una conversación más amplia.
Y continúa después de cada encuentro, a través de relaciones, colaboraciones, aprendizajes y nuevos proyectos.
Las ferias internacionales, las plataformas, los mercados de derechos y las redes profesionales son herramientas importantes. Pero las herramientas solo cobran sentido cuando existe algo significativo que compartir.
Mirar el mundo desde un lugar
En Planeta Sostenible hemos dedicado gran parte de nuestro trabajo a explorar las relaciones entre naturaleza, educación, cultura y territorio. Desde los libros ilustrados hasta la fotografía de naturaleza, desde el patrimonio cultural hasta la educación para la sustentabilidad, hemos constatado una y otra vez que lo local y lo global no son dimensiones opuestas.
Por el contrario, se necesitan mutuamente.
Los relatos capaces de dialogar con el mundo suelen ser aquellos que nacen de una relación profunda con un lugar, una comunidad y una forma particular de mirar la vida.
Quizás la internacionalización, entendida de esta manera, no sea simplemente una estrategia de circulación cultural o comercial. Quizás sea, sobre todo, una invitación a construir puentes: entre territorios, entre lenguas, entre personas y entre formas distintas de habitar el mundo.